| Homilía Segundo Domingo de Cuaresma |
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En el texto evangélico de la transfiguración traído por Lucas, Jesús revela a Pedro, Santiago y Juan su gloria. El ambiente de la transfiguración es un ambiente de oración. En el texto aparece Jesús dialogando con Elías y Moisés. El Padre, representado por la nube, revela la identidad de Jesús y pide obediencia a Él: “Este es mi hijo amado, escuchadle”. Todo el texto es una epifanía o manifestación de Jesús.
La alianza hecha por Dios con Abraham es preludio de la nueva y definitiva alianza que Dios hace con la humanidad por medio de su hijo Jesucristo. Lo único que Dios nos pide es que le respondamos con la fe. Nos aprestamos a celebrar el misterio Pascual del Señor, misterio mediante el cual Dios ha consumado su alianza con la humanidad. La celebración de este misterio nos exige renovar la alianza que un día Dios hizo con nosotros mediante el bautismo. Y esta renovación o transformación se va logrando poco a poco durante el tiempo de cuaresma si asumimos con seriedad las practicas cuaresmales, fundamentalmente la oración. La oración, ambiente en el cual se manifiesta la transfiguración de Jesús, es el ambiente más propicio para vivir la conversión que nos exige la celebración de la pascua.
La presencia de Moisés y Elías en el contexto de la configuración manifiesta claramente que en Jesús muerto y glorificado llegan a su plenitud la ley y los profetas. Por eso, al cristiano le basta escuchar y obedecer sólo a Jesús. Él es el nuevo Moisés y el Nuevo Elías en quien se consuma la nueva alianza que Dios hace con la humanidad.
En la transfiguración, los discípulos tienen el privilegio de ver con antelación el destino último del Maestro, su triunfo y su glorificación; talvez para que no se desanimen ante el escándalo de la cruz que ya se avecina. Con esto, todos los cristianos debemos ir más allá del aparente fracaso de la cruz, para vivir con gozo la pascua, es decir, el triunfo de Jesús sobre el pecado y sobre la muerte, el misterio originario de nuestra experiencia de fe: la resurrección. |
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