En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?" Jesús les respondió: "Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio.
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¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!" Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: "¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él." Palabra del Señor DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA (matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana) Hay veces que no tenemos claro qué es lo que estamos esperando, entre el traje de pastor de nuestro hijo, plantar el alpiste para ponerlo en nuestro nacimiento, el belén viviente, vender flores de pascua para la experiencia misionera y otros menesteres más profanos a los que uno se consagra en estas fechas, entre éstos y otros…., en casa hemos puesto una corona de adviento, con sus cuatro velas. Deseábamos tener este símbolo porque, en realidad, no deja de ser eso un adorno más, aunque esta vez del adviento, pero que nos sirve para recordar a quién estamos esperando. Cuando acostamos a los niños, aunque cansados del trajín del día, encendemos las velas que corresponden y aunque también lo hacemos con ellos, (es curioso cuáles son las intenciones de los niños al encenderlas), nosotros, esposos, tenemos un tiempo de silencio, de calma, de espera, de paz, de pedir a Dios, que nos haga preguntar día tras día, si de verdad, es a El a quien esperamos o quizás estamos esperando a otro… Es un momento maravilloso, aunque breve, hondo y acogedor y nos encanta. Quizás no tenga que ver directamente con la lectura de este domingo, pero es algo que vivimos y es nuestra Buena Noticia en estos días. |